ARQUITECTURA

Haciendas

En los albores del siglo XIX, el cultivo de caña de azúcar y la ganadería iban en un acelerado crecimiento. Las Haciendas se convertían en el eje motor del cambio y el gobierno expropiaba terrenos, el campesino maya se quedaba sin tierras y los beneficiados eran empresarios, militares y curas de ambiciones ilimitadas. A la gloria de las haciendas llegó la Guerra de Castas iniciada a partir de 1847, su saldo lo dice todo: 50% de la población muere, las haciendas logran sobrevivir, la industria de la caña y la ganadería se viene abajo pero comienza el auge del henequén que por más de 100 años fue la base de la economía en la península.

Sus extensiones requerían gente que viviera permanentemente en ellas; existían los acasillados y los peones, los primeros vivían permanentemente en la hacienda, los segundos eran de poblados vecinos contratados temporalmente. Los acasillados dentro de la hacienda tenían todo, a la total conveniencia y usufructo del hacendado. Dependiendo de su tamaño éstas contaban con calles, plazas públicas, capilla, escuela, dispensario médico, cementerio, calabozo, espacios recreativos y tiendas de raya. La clase hacendada viajaba a Europa, sus hijos estudiaban en el extranjero e imponen ideas adoptadas de Francia. La arquitectura de las haciendas mantuvieron rasgos coloniales, mezclados con elementos neobarrocos, clasisistas, neogóticos y hasta referencias de arquitectura civil medieval así como también corrientes, tropicales y caribeñas.

Con la llegada de la Reforma Agraria, la expropiación de la tierra del General Lázaro Cárdenas, las luchas de Emiliano Zapata y las corrientes revolucionarias termina por fin el uso y abuso de los hacendado quedando su inmobiliaria al paso de la años en absoluto abandono; muchos de sus dueños de origen extranjero se exiliaron dejando todo en manos del olvido. A la opulencia de sus construcciones correspondencia una deprimente pobreza del campesino. La popularidad de la rehabilitación de los cascos de haciendas en hoteles se ha extendido en nuestro Estado. La hacienda de Uayamón y Blanca Flor son una bella muestra de la arquitectura de aquellos días.

Hacienda Blanca Flor



Esta hacienda está localizada en el municipio de Hecelchakán y a 63 km de la ciudad de Campeche por la carretera 180. Solo una parte de ella se conserva y está habilitada como hotel, aun puede apreciarse los restos de la capilla. Este lugar fue uno de los tantos escenarios de la cruel batalla de la Guerra de Castas que solo llegó hasta la Región del partido de los Chenes y a escasos metros de la ciudad de Campeche.





Hacienda Santa Cruz


Se localiza a 107 km de la ciudad de Campeche sobre la carretera 261 por la cual se llega a Calkiní, una desviación de 20 km hacia el oeste nos lleva al poblado de Nunkiní, pasando este poblado a 10 km se encuentra la hacienda. Los primero datos de su existencia se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII, para entonces estaba registrada como una hacienda ganadera. No se tiene más datos de ellas sino hasta finales del siglo XIX cuando pertenece a Don Sixto García quien hace de ella una gran productora de henequén sin abandonar sus cultivos de maíz y frijol.
El movimiento revolucionario de 1910 provoca el colapso de su actividad como de otras tantas. Para 1930 la hacienda ya se encontraba abandonada. Tiene un patio central, junto al cual la capilla muestra una inscripción de 1866 fecha en que sin lugar a dudas fue construida. En la huerta original de la hacienda actualmente se cultiva palma de jipi.

Hacienda San José Carpizo


Se localiza en el Municipio de Champotón; sobre la autopista que lleva a esta cabecera municipal se toma hacia el poblado de Moquel y de éste se avanzan 6 km más rumbo al poblado de San Antonio, un desvío de terracería de 13 km nos lleva a la hacienda.
Fue fundada en 1871 por Don José María Carpizo Sánchez, uniendo las tierras de tres fincas convirtiéndose en una de las haciendas más importantes de la península. Su actividad era una mezcla de agricultura con ganadería, con cría de ganado bovino a gran escala. El palo de tinte fue su principal actividad pero ante el auge del henequén cambió a la extracción de esta fibra, su extensión llego a superar los 36,226 ha.
Después de su exitoso crecimiento -- de tener 181 habitantes en 1895 llegó a contar con 728 en 1913 -- para 1921 un éxodo masivo redujo a sus trabajadores a tan solo 40. En 1938 con la Reforma Agraria los Carpizo vieron reducida la superficie de su hacienda.
En 1941 fue vendida y diez años más tarde cambia de propietario hasta la actualidad en que se encuentra parcialmente abandonada e improductiva. Parte del caso, sobre todo las casas de los acasillados y de peones, lo habita una comunidad. Cuenta con red eléctrica, y conserva sus calles, su taller de carpintería y su capilla en buenas condiciones, la pequeña comunidad cuenta con transportes particulares y tienda entre otros servicios básicos.

Hacienda San Luis Carpizo


Se ubica en el municipio de Champotón a tan solo 15 km de la cabecera municipal sobre la carretera 286, rumbo a Ciudad del Carmen. Perteneció también a Don José María Carpizo, fue productora agrícola y su superficie de 200 ha. Se encuentra en perfecto estado ya que fue restaurada por la Armada de México para albergar ahí a la Escuela de Infantería de Marina a partir de 1999. En la fachada de la casa principal se lee “Labor Omnia Vincit” (El trabajo todo lo vence). Podemos decir que el estado de conservación es excelente porque la restauración fue casi en la totalidad de las principales crujías de la hacienda incluyendo las de los acasillados y peones. Posee un gran patio frente a la casa principal y sus calles adoquinadas están flanqueadas por el caserio. Todos los detalles han sido rescatados, y el color rojo de sus paredes junto con los antiguos y caprichosos diseños de sus alarifes le imprimen una gran originalidad. Pude ser visitada previa solicitud aunque no esta en absoluta función turística.

Hacienda Uayamón


Esta bella hacienda localizada a 27 km de la ciudad de Campeche tuvo sus orígenes en el siglo XVI cuando su actividad era la ganadería y el cultivo del maíz. El desastroso ataque pirata de 1685 por parte de Lorencillo alcanzó a esta hacienda cuando su propietario era Don Francisco de Cicero. En 1770 la propiedad es de Don Rafael Carvajal Iturralde, cultivaba maíz, producía azúcar y extraía palo de tinte; posteriormente el henequén se convirtió en su eje económico. A finales de este siglo XIX se convirtió en una de las principales haciendas de la península y de México. En 1882 queda en herencia a Fernando Carvajal Estrada, Hijo de Don Rafael Carvajal. Su nuevo propietario gozaba de ser un gran empresario e impulsa la construcción de sus propias vías férreas con la finalidad de robustecer su producción. Para 1910 perteneció a Don Joaquín Baranda Carvajal, al siguiente año comenzó su decadencia y su abandono.
Actualmente presta servicios como Hotel de Gran Turismo; conserva restaurada los principales edificios y la mayor parte de sus casas, al llegar a su extenso patio una ceiba de enormes proporciones divide las áreas restaurada y las paredes que aún se mantiene atrapadas entre las raíces de añejas higueras dándoles un aspecto estéticamente antiguo y legendario.

Hacienda Tankuché


Para mediados del siglo XIX Tankuché fue una hacienda dedicada principalmente a la explotación del palo de tinte, pero a finales de este siglo y con el auge del henequén cambió su giro a la industria que se había convertido en la base de la economía de toda la península. La familia Peón, propietarios de esta hacienda vieron reducida notoriamente su propiedad de más de 2,000 hectáreas en las postrimerías de la revolución mexicana. En 1972 lo que quedaba de la hacienda fue expropiada por el Gobierno del Estado, sus máquinas raspadoras de henequén siguieron funcionando hasta la década de los 80´s. Se localiza a 32 kilómetros de la cabecera municipal de Calkiní.