CULTURA

Danzas Folclóricas

Los rasgos culturales mayas prevalecen aún en las tradiciones folclóricas de Campeche. Los sonidos prehispánicos -la música propiamente dicha- formaban parte de un concepto divino y provenían de atabales y “tunkules”, trompetas de palos huecos, flautas o flautines de barro, carrizo o hueso, caracoles marinos como trompetas, tambores de troncos huecos de chicozapote y conchas de tortugas percutidas con astas de venado. La enseñanza de la música era de generación en generación y para ello habían escuelas.

De todas estas reminiscencias quedan los bailes folclóricos actuales que se han mezclado con los ritmos europeos, como las fiestas del palmar, la jota aragonesa, los saraos y las vaquerías donde los ritmos, en algunos casos, se fusionaron y en otras simplemente se modificaron, no solo en sus ejecuciones sino también en su música. Así, las zarabandas, las seguidillas, los fandangos, las pavanas, las caconas y las jaconas se quedaron como bailes para los días de fiesta desde tiempos memorables; las orquestas eran parte primordial de su desarrollo y evolución. Para 1815 ya se bailaban los “Saraos” donde la elegancia se refinaba en delicados vestidos que portaban las mujeres, era un baile de gente “acomodada”, pero que con el tiempo se hicieron populares y los barrios los empezaron a adoptar; de los salones en las casas de ricas familias pasó a todas las clases sociales en espacios abiertos, tuvieron transformaciones y los que hoy se baila ha sido producto de esa evolución.

Para entonces los bailes del Palmar, llevados a cabo en el barrio de san Román reunían a buena parte de la población con jaranas y danzas como el del Pavo y el son de la Cucaracha además de las jaranas tropicales. Había influencia de los bailes españoles, de ritmos caribeños, africanos e incluso elementos dancísticos mayas que dieron identidad propia a nuestro folclor.

“La Cananga”, canción representativa campechana, se combinaba con ritmos “habaneras” y “danzonetes” haciendo una jarana de 6x8 en el baile de las “Chancletitas” con un ritmo muy apreciado por la gente. “El Pichito Amoroso" con reminiscencias mayas es una zarabanda de gran movimiento. El “Cutz” o baile del Pavo es simbolizado en su plumaje con listones de colores. Las vaquerías derivaron en jaranas de 6x8 con ritmo de “guapacheo”. “El Gallo” bailado en el poblado de Lerma cada 3 de mayo, día de la santa Cruz es ejecutado por mujeres para pedir fertilidad a la tierra. la “Guaranducha” una preciosa jarana con “guapacheos” y “zapateados” se mezcla con “habaneras”.

Está también el “Jarabe Criollo” que nos recuerda los repiqueteos de las campanas de las iglesias de donde surge su inventiva. El “Pichito Amoroso” es una bella zarabanda, quizá la más alegre de todas, los brazos abiertos y los saltos durante la ejecución imitan el andar de los pájaros tordos. Y por último, el “Campechito Retrechero” que es otra jaranas de 6x8 de gran aprecio, es de un ágil zapateado que requiriere destreza para realizarlo sobre el almud, portando sobre la cabeza un botella con agua o, si de maestría se trata, una charola con vasos y botellas en perfecta distribución para mantenerse en equilibrio con el cuerpo mientras se ejecutan complicados pasos.